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Economia mundial a lo largo de la historia
 
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La economía mundial tiene una realidad o existencia tan objetiva como las economías nacionales. Esta existencia queda de manifiesto con un grado mayor o menor en las fases de producción, distribución, cambio (mercado mundial), consumo, En ese sentido, la economía mundial es una totalidad mayor a la suma de sus partes –economías nacionales, sectores y ramas económicas, y empresas. Lo que sucede es, que en cada fase del desarrollo, la mundialización se incrementa en términos cuantitativos (más transacciones mundiales) y en términos cualitativos (más áreas de la economía comprendidas en la mundialización).

Y es al interior de esta totalidad en que se da el desarrollo de las Economia nacionales en las que pueden identificarse varias formas de inserción en la economía mundial. Estas formas de inserción deben corresponderse en algún grado con las características de la etapa de la economía mundial. A su vez, en función de las connotaciones del desarrollo imperialista dicha inserción se sustenta en el desarrollo desigual de países y regiones, que se define a partir de la ley del desarrollo desigual y combinado.

Primera síntesis: La economía mundial es un todo articulado cuyo desarrollo es creciente y dentro del cual se distinguen países dominantes y países subordinados.

un periodo que va de 1780-1790 a 1810-1817, en la que se registraría una fase A expansiva de un primer ciclo largo

en seguida, distinguió un periodo que va de 1810-17 a 1844-51, caracterizado por la declinación de la economía europea,

luego, en seguida determinó la existencia de otro periodo que va de 1844-51 a 1870-75, que sería de ascenso económico y entonces un segundo ciclo.

a éste le siguió un periodo que va de 1870-75 a 1890-96, de declinación

nuevamente encontró una fase de crecimiento sustentado entre el final del siglo XIX y principios del XX, que puede ser encuadrado en los años de 1890-96 a 1914-20 y llí va el tercer ciclo.

Las ondas largas como regularidad sistémica. En dicho proceso de mundialización es posible distinguir regularidades que permiten un estudio sistemático del desarrollo de la acumulación capitalista mundial. La sistematización empírica sobre la existencia de los Ciclos Largos fue producto de un trabajo de investigación en la década de los veinte a través de la obra del economista ruso Nikolai Dimitrievicth Kondràtiev, quien publicó en 1926 su ensayo “Las ondas largas en la vida económica”. En este ensayo él distinguió varios ciclos u ondas largas (el término onda pretende ser menos determinístico y menos mecánico que el concepto de ciclo que supone por necesidad periodos más o menos iguales de ascenso y declinación). Kondràtiev distinguió en la historia económica europea:

A pesar de realizar sus estudios en la década de los 20, antes del gran crack de 1929, él contaba que para entonces se iniciaba una fase de declinación que se iniciaría hacia 1914-20. Si completamos los datos de Kondràtiev, vamos a encontrar que ese periodo de declinación va a prolongarse hasta 1940-45, cuando la economía norteamericana comienza a recuperarse durante la guerra. Enseguida tendríamos un periodo que se extiende de 1940-45, hasta 1966-73 que se caracteriza por un largo ascenso económico y es el ciclo 4; desde 1966-73 hasta 1993 una fase depresiva y desde 1993 - 1996 se daría inicio a un nuevo periodo de ascenso iniciando el ciclo 5.

El predominio de un determinado régimen de producción (libre cambio, oligopolio nacional, oligopolio internacional)
La prevalencia de determinadas relaciones sociales de producción y formas de organización social (manufactura, gran industria, fordismo, y el llamado toyotismo en el periodo actual.)
La hegemonía de ciertos centros económicos (España, Portugal, Holanda, Inglaterra, Estados Unidos) que dominan las zonas periféricas y semiperiféricas.

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La economía mundial se articula sobre la base de largos ciclos con modelos de acumulación del capital diferentes y por ende con un desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción cambiantes. Por ende la resolución de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción (una de las contradicciones fundamentales enunciadas por Marx) no se resuelve con el cambio de sistema sino con el cambio del modo de acumulación del capital.

Cada ciclo consta de dos fases. Por un lado la fase “A” del ciclo, cuando ocurre un gran crecimiento del producto basado en un mismo esquema tecnológico y por lo tanto acompañado de un crecimiento del empleo, generando una situación de mayor oferta de trabajo, que favorece a la organización sindical, favorece la capacidad de presión del movimiento obrero y la obtención de salarios más elevados. En esta fase el crecimiento de la productividad garantiza el crecimiento de la tasa de ganancia y posibilita el aumento de la masa salarial, lo que contribuye compatibilizar el crecimiento de la producción y el consumo, otra de las principales contradicciones del sistema capitalista enunciadas por Marx.

Por otro lado, las fases de decadencia, (las fases “B”) se dan, cuando las ganancias de productividad se agotan porque las innovaciones anteriores pierden su fuerza innovadora y alcanzan su madurez y por otro lado existen dificultades para incorporar “nuevas” innovaciones.

En este momento, las inversiones necesarias para incorporar las nuevas tecnologías suponen grandes inversiones para gestar una nueva “cosecha” de innovación. Al mismo tiempo los periodos de descenso se caracterizan por el largo periodo de destrucción del capital instalado, de desvalorización de enormes volúmenes de inversión existente.

Tercera síntesis: En los periodos de auge se traba una lucha muy fuerte entre las clases por la hegemonía del sistema político y por el dominio de la distribución del ingreso y del proceso de acumulación en su conjunto. En tanto períodos de mucha demanda de mano de obra, la posición de fuerza de los trabajadores permite que ellos obtengan importantes conquistas salariales, en las condiciones de trabajo y en otros aspectos, los cuales llevan, una vez que se agotan las ganancias de productividad a una disminución de la tasa de ganancia. La caída de la tasa de ganancia lleva a una caída de los niveles de acumulación y de las tasas de crecimiento, lo que a su vez lleva a una desvalorización del capital y por lo tanto a una situación depresiva.

Esta situación depresiva generará las condiciones favorables a la recuperación de la economía a través de un aumento de la tasa de ganancia en algunos sectores y después, de manera sucesiva, al resto de la economía. ¿Por qué?

Los costos de las materias primas, con la caída de la demanda, tienden a caer y esto estimula nuevos cambios tecnológicos para poder sustentar estos precios más bajos.
La disponibilidad del capital sufre en este momento, las consecuencias de la baja de las inversiones.
Desde el punto de vista de la lucha de clases el desempleo aumenta de manera significativa, lo que provoca una pérdida de la capacidad de negociación de los trabajadores y como resultado de ello se tiene una tendencia a la caída de los salarios, lo que también favorece a la recuperación de la tasa de ganancia.

Cuarta síntesis: estas situaciones que socialmente son extremadamente duras, generan las condiciones para que el capitalismo vuelva a florecer y se inicie una nueva fase de crecimiento.

 
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La economía dominante no tiene respuestas, todo lo contrario. Para las doctrinas liberistas lo esencial es la competencia, la asistencia en el mercado del más variado número de agentes que ofrecen el mismo producto en beneficio del consumidor... pues bien, a escala planetaria está ocurriendo un fenómeno que apunta exactamente en la dirección contraria: enormes coaliciones financieras e industriales forman emporios empresariales que suman casi un millón de millones de dólares y unifican en una sola firma a casi medio millón de empleados en el más variado abanico de países.

Una empresa alemana compra una firma inglesa; hombres de negocios italianos se alían con sus homólogos alemanes, japoneses y estadounidenses, holandeses, suizos, ingleses, tailandeses, incluso mexicanos o franceses: la necesidad asociacionista emerge con toda fuerza de la propia globalización. ¿Sus razones? "Un factor es inmenso: hay un excedente en la capacidad industrial mundial", dice Robert J. Eaton de Chrysler, "en el próximo siglo se reducirá a la mitad el número de empresas automotrices".

Así que los próximos años serán el escenario de empresas gigantescas, las más grandes, poderosas y "mundializadas" de la historia del capitalismo: de mayor fuerza, incluso, que muchos Estados nacionales; la ganancia de una empresa por encima del interés que representa el gobierno de una nación. Varias de esas fusiones rebasan en dólares los productos nacionales de 105 países.

De esa manera, la riqueza de una organización o de un oligopolio deviene un factor más importante que las políticas públicas, que las decisiones de congresos completos, de presidentes legítimos, en suma de las instituciones de la democracia.

La realidad de fin de siglo está planteando una reconformación del poder y de las decisiones mundiales: conglomerados multinacionales que no encuentran agentes reguladores; que no tienen enfrente diques, leyes, poderes que puedan canalizar en favor del interés público las decisiones privadas de los gigantes empresariales.

Por eso, las regionalizaciones políticas, más allá de Estados nacionales, como la Unión Europea, adquieren una significación todavía mayor: crear una organización política de una magnitud equivalente a las nuevas organizaciones económicas; un Estado de otra naturaleza para un nuevo tipo de mercado y de empresas mundiales. He aquí uno de los temas cruciales de la economía mundial finisecular

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Desde comienzos de los ochenta el capitalismo ha vivido una oleada especulativa y un frenesí expansionista sólo comparable al auge de comienzos del Siglo XX, que tuvo como desenlace fatídico la Primera Guerra Mundial. En estos últimos dos decenios amplió enormemente su influencia: se apoderó de la riqueza de los países del exbloque soviético y vinculó ampliamente a China al mercado mundial. Se apropió de la mayor parte de la riqueza acumulada en los países del Tercer Mundo vía privatizaciones, compras o bancarrotas y vinculando a los circuitos financieros y comerciales las más variadas actividades, desde la prestación de servicios de salud hasta la construcción de infraestructura, la generación y distribución de energía eléctrica y los demás servicios públicos.

Por otra parte, en esta loca carrera por mantener altas sus tasas de ganancia, arrojó al desempleo a millones de trabajadores, bajó los salarios reales y cercenó las garantías laborales de los trabajadores en todo el mundo. Como resultado, la pobreza aumentó en el conjunto del orbe, incluyendo Estados Unidos; se quebraron o desnacionalizaron centenares de industrias en todos los países; se deterioró la distribución del ingreso y se concentró la economía en unas cuantas multinacionales que diariamente protagonizan fusiones y adquisiciones, llevando a una nueva etapa la concentración del capital y la repartición de los mercados mundiales. Aún especialistas norteamericanos señalan que los costos de esta "globalización" han sido la inequidad económica, el desempleo, la inseguridad y la inestabilidad, así como la pérdida de soberanía e identidad de las naciones1 . El énfasis que el Banco Mundial ha hecho desde hace varios años en el tema de la pobreza evidencia que ya no se puede tapar el cielo con las manos.

En la última década el espectro de la crisis ha aparecido reiteradamente. En 1993 la devaluación del franco desató una fuga de capitales que puso a tambalear la economía de Europa y aplazó su unidad monetaria hasta 1999. En 1994, México, abrumado por el déficit en la balanza de pagos, intentó sostener su crítica situación sufragando el déficit con volátiles capitales de corto plazo, hasta que estos salieron en estampida, provocando una enorme devaluación. Estados Unidos corrió en su ayuda y le otorgó nuevos fondos a cambio de un programa de austeridad, que mantuvo la estabilidad de algunos indicadores macroeconómicos, a costa de desmejorar la industria y el nivel de vida del pueblo y comprometió a México a "depositar en bancos de Nueva York cualquier ingreso proveniente de las ventas de petróleo"2 . A mediados de 1997 comenzó la actual crisis en Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas, países que habían "disfrutado" de enormes inversiones extranjeras, principalmente japonesas y estadounidenses. Las bolsas mundiales se conmocionaron y el impacto de la crisis todavía se siente, amenazando al resto de países de Asia y determinando en buena medida la continuidad de la recesión en Japón. En 1998 Rusia declaró la moratoria en los pagos de su deuda externa y a comienzos de 1999 Brasil, la octava economía del mundo, devaluó el real en más del 28% y liberó su mercado cambiario.

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Para establecer las perspectivas de la economía mundial, el análisis de la situación de Estados Unidos ocupa un papel central. Durante la década del 80, gracias al aumento de su gasto público y de su déficit, este país jugó un papel importante en impedir una crisis generalizada, hasta el punto de que se le consideró la "locomotora de la economía mundial".

Ronald Reagan, pionero de las políticas neoliberales en Estados Unidos y el mundo y defensor del equilibrio comercial y la austeridad fiscal, recibió un déficit de 50.000 millones de dólares y lo entregó en 300.000 millones, con lo cual se confirma, como en el caso de la protección y el libre cambio, que esa potencia practica la austeridad fiscal cuando le conviene. Fue su enorme gasto militar en los ochenta el que impidió que se desatara una gran crisis a raíz de la moratoria en la deuda de América Latina. Bill Clinton, intentando equilibrar el presupuesto, adoptó la más ortodoxa política neoliberal y comenzó a hacer disminuir el papel que Estados Unidos ha jugado como reactivador de la economía mundial. "En los anteriores treinta años, los gastos del gobierno habían crecido anualmente un 4% en promedio; durante los noventa, solamente han tenido un aumento promedio anual del 0,1%"31 .

En la última década, la economía norteamericana ha tenido algunos indicadores de buen desempeño, basados en la fortaleza del dólar, el aumento en la explotación de la mano de obra y su mayor inserción en el comercio mundial. En efecto, las ganancias han estado creciendo entre 15 y 20% anual durante los últimos cuatro años. El dólar nunca había sido tan fuerte en años. Desde abril de 1995 se ha fortalecido contra el yen japonés y el marco alemán. Como resultado, ha disminuido el costo de importar chips semiconductores, computadores, instrumentos electrónicos, petróleo y otra serie de implementos esenciales, tanto para la industria como para los hogares. Ello ha mantenido bajos los costos de producción industriales y ha obligado a los trabajadores estadounidenses a aceptar menores incrementos salariales. "Mientras que los salarios reales para el trabajador promedio difícilmente han aumentado recientemente, la productividad se ha incrementado fuertemente. El alto desempleo a principios de la década del 90 permitió a los patronos estadounidenses doblegar a sus empleados. La ‘minimización’ de la fuerza laboral se emprendió simultáneamente con el reemplazo de mano de obra por maquinaría, especialmente la nueva tecnología informática. La inversión en tecnología de hardware informático ha crecido a un ritmo anual de US $220 mil millones."32

"Como resultado, la inversión general en lo que Marx denominaba capital constante se disparó un 8,5% anual, ritmo no superado desde la década del 60. (...) La fuerza laboral fue obligada a trabajar más duro y por jornadas más largas. En 1973 el trabajador promedio laboraba 41 horas semanales en Estados Unidos. Ahora él o ella trabaja 51 horas semanales en promedio!"33

El comercio mundial continuó creciendo durante los noventas. Las transacciones comerciales anuales aumentaron en promedió del 6% al 8%. Pero lo más importante fue que los capitalistas estadounidenses restablecieron su hegemonía en los mercados mundiales, su tecnología superior mantuvo bajos los costos y Europa (hasta muy recientemente) y Japón permanecieron en el estancamiento34 .

El crecimiento de los Estados Unidos se ha realizado a un enorme costo para sus competidores y para los países atrasados, pues en una situación en la cual hay un lento crecimiento de la demanda, el auge norteamericano se ha materializado derribando brutalmente todas las barreras proteccionistas y luchando palmo a palmo con sus rivales por el control de los mercados. Para esto usó -entre otros- el instrumento de la devaluación, que representó "entre el 40% y 60% con respecto al marco y al yen en el curso de una década"35 . En 1985 se compraba un dólar con 240 yens, en 1995 se necesitaban 80, lo cual estaba llevando al colapso la economía japonesa y precipitó la devaluación de ese año.

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La expansión norteamericana ha llevado a una sobrevaluación de las acciones en la Bolsa de Nueva York. "Los analistas financieros utilizan un indicador para medir este fenómeno: la Tasa de Precios y Ganancias, TPG (Price Earnings Ratio); esto es la relación entre el precio de una acción y los dividendos que produce. Entre mayor la Tasa de Precios y Ganancias de una acción (en otras palabras, entre mayor sea su precio frente a las utilidades que genera), mayor será el riesgo de comprarla y de que su precio caiga en el futuro. Según J. Siegel, del Wharton School, la media de la TPG en la Bolsa de Nueva York ha sido 13.7, lo que significa que el precio de la acción equivale a 13,7 veces la ganancia asociada con ella. Enfocando el asunto desde una perspectiva diferente, los dividendos representaron ganancias del 7,3% (100/13,7) sobre el capital invertido. Al final de 1987 la TPG de la Bolsa de Nueva York marcaba 24, generando utilidades promedias de 4,2% (100/24). Un retorno a los valores promedios del siglo pasado, manteniendo las ganancias constantes, requeriría una caída del 40% en los precios de las bolsas de valores! Todos estos cálculos son del Wharton Schoool, una institución prestigiosa en los círculos económicos y financieros. El cálculo se hace evidente de una forma mucho más simple: entre 1987 y 1997 el PIB ha aumentado 70% en términos monetarios y 26% en términos reales, al paso que los precios en la Bolsa de Nueva York se han cuadruplicado. La Bolsa de Tokio, cayó 26% en el mismo periodo"36 .

Si uno de los principales motores del crecimiento norteamericano era el aumento de sus exportaciones, lo previsible es que ahora estas se dificulten. Japón y los "tigres" tratan de salir de sus mercancías inundando el mercado norteamericano y, como resultado de la crisis, comprarán menos. Si todas las monedas de sus rivales se devalúan, el dólar pierde competitividad. Es previsible que las compañías norteamericanas disminuyan sus ganancias y esto afecte sus precios en la bolsa. Hasta los piratas de Wall Street están reconociendo que las acciones están sobrevaluadas. El déficit comercial probablemente aumentará, estimándose que para 1999 se situará entre US$270 y 300 mil millones, frente a los 115 mil millones que alcanzó en 199737 . El banco de inversión JP Morgan y los críticos del neoliberalismo pronostican una recesión.

Los países asiáticos –que basaron su desarrollo en las exportaciones– se encuentran en un callejón sin salida: si tratan de superar la crisis fomentando aun más sus exportaciones, aprovechando la com-petitividad de sus devaluadas monedas, van a acelerar la superproducción. De otra parte, Estados Unidos puede aumentar sus barreras proteccionistas para impedir esto, lo cual desataría una escalada en la guerra comercial.

La mayoría de los gobiernos quieren resolver la crisis poniendo bajo control los flujos de capitales de corto término, pero estos son parte esencial de un sistema "estructural e inherentemente inestable", como reconoce el viceministro japonés de finanzas38 . Estados Unidos bajó en dos oportunidades la tasa de interés para irrigar más fondos a la economía (cosa que también hicieron algunos países de Europa como España, Portugal y Suecia) y asignó mayores recursos al FMI. Japón y Alemania han participado en la creación de fondos para financiar a los "países emergentes".

Sin embargo, a nivel mundial hay demasiadas variables que pueden influir negativamente en el futuro económico y una o varias de ellas pueden determinar su agudización súbita. El programa de ajuste del Brasil está en "veremos" pues el parlamento no accede a aprobar todo el paquete de Cardozo, los Estados brasileños quebrados no cancelan sus deudas y el real sigue flotando hacia abajo. Si el plan del FMI tiene éxito, vendrá una recesión. "Palo por que bogas, palo porque no bogas". China insiste en que no devaluará y las autoridades monetarias de Hong Kong intervienen en la economía. No obstante, la devaluación de las monedas asiáticas reta la competitividad de sus productos y China –que ha visto caer a sólo el 2% el crecimiento de su producción de energía– no podrá lograr su meta de crecimiento económico general del 7% y tampoco puede defender indefinidamente una caída de sus cuantiosas reservas internacionales, cosa que le implicaría, además, una tremenda vulnerabilidad política (en el segundo semestre la autoridad monetaria china intervino en la bolsa para comprar entre el 12% y 15% de las acciones disponibles para mantener su valor).

La economía japonesa, que ha cifrado su crecimiento en la exportación de capitales y mercancías, no puede saltar tan fácilmente hacia la intervención y el control, pues le implicaría represalias por parte de sus competidores. Es posible que Rusia arrastre en su crisis a varios países de su alrededor y comprometa en ella a importantes bancos europeos, lo cual precipitaría un aumento en la tasa de interés, cuando lo que los sabios aconsejan es bajarla para reactivar la economía. Estados Unidos puede aumentar su proteccionismo para defenderse, pero el crecimiento de su mercado interno podría disminuir, sus exportaciones a América Latina descender como producto de la recesión regional y los países asiáticos querrán inundarlo de mercancías.

Con todos estos factores jugando en la economía mundial, parece que el festín del capital financiero está llegando a su clímax. La clase obrera ha visto disminuir por casi una década su salario real; el desempleo campea en la mayoría de los países. Las banderas de los huelguistas de la General Motors son las mismas de las de los obreros rumanos, rusos o brasileños. El fantasma de la superproducción ronda por doquier. Africa muere de hambre y aumentan las guerras entre sus naciones. América Latina, sin reponerse de la crisis de la deuda de los ochenta y enrutada en una senda que le prometía avances que nunca se vieron, ya ha entrado en una nueva crisis. Asia comenzó a caer. Europa Oriental y Rusia fueron arrojadas a los niveles de vida anteriores a la revolución socialista. Las naciones oprimidas están llegando a su límite. Las contradicciones entre las potencias aumentan. La inestabilidad forma parte inexorable del "Nuevo Orden Económico". Los que auguraban que el capitalismo resolvería todos los problemas de la humanidad, han tenido que embolsillarse sus teorías acerca del ‘fin de la historia’. En los cinco continentes se activarán como fantasmas redivivos las luchas del movimiento obrero por mejorar sus condiciones de vida, así como las de las naciones oprimidas, víctimas del deterioro de su situación económica y de la creciente pérdida de soberanía.

 
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